“Los chilenos ayudaron a los ingleses en Malvinas”. “Uruguay es una provincia Argentina/ Brasileña”. “Los peruanos, paraguayos y bolivianos vienen a robarnos el trabajo”. “Los países vecinos mueven las boyas que marcan las fronteras para quedarse con nuestro territorio”. “Los argentinos son unos soberbios”. “Ecuador y Colombia son países bananeros”
Algunas de estas frases hechas, a veces acompañadas de un relato macabro de los caracteres de nuestros congéneres, me eran relatadas durante la infancia, por algún familiar e incluso por profesores. No sólo a mi me contaban estas cosas, sino a todos los Latinoamericanos. Leyenda contra leyenda, se iban alimentando viejos rencores, prejuicios y estereotipos que hacían de la convivencia en la región un ítem inexistente.
No fue algo azaroso: mirando el pasado desde la actualidad, está claro que el objetivo era enemistarnos entre nosotros. Así, Centroamérica, Colombia, México y Venezuela sólo existían para ir a tomar unas vacaciones paradisíacas a alguna de sus playas, Ecuador era el país desde donde importábamos las bananas, Perú era el Machu Picchu, Bolivia y Paraguay los países desde donde venían inmigrantes a robarnos el trabajo, Chile un vecino de mal carácter, Uruguay un país satélite, y Brasil el competidor en los mundiales de fútbol y en el torneo de “quien-es-más-amigo-de-los-Estados-Unidos”.
No es una exageración: los presidentes en los años 90 de Brasil, Collor de Melo, y de Argentina, Carlos Menem, se disputaban quien recibía más visitas del Secretario del Estado norteamericano; el canciller argentino Guido de Tella llegó a calificar las relaciones con la primer potencia mundial como “carnales”; vaya sí sabemos quién se la ponía a quién.
“Eu acrediva que cuando estivera na Argentina os argentinos não gostaríam de mim, por isso de qual é o mais grande, Pelé o Maradona. Mas quando estive lá todos me trataram muito bem. Eu fiquei muito contente”.
¿Qué sucedió para que un brasileño pueda expresar esta positiva sorpresa años después charlando conmigo?
Hubo en primer lugar, un cambio económico. Después de la austeridad y las crisis económicas que existieron en los 90’, la economía latinoamericana crece (en el 2010 creció un 6% a pesar de la crisis mundial), y también se reducen en casi todos los países las tazas de desigualdad.
Este crecimiento nació de una decisión tomada en conjunto por los presidentes de Latinoamérica, Luiz Inácio ‘Lula’ Da Silva y Néstor Kirchner en el 2003: desligarse del FMI. Se tejió así una relación estratégica entre dos de los países más importantes de la región, a la que se fueron sumando los países vecinos; una unión que durante 10 años había sido impedida por las tretas de organismos de crédito y las potencias mundiales para mantener ‘controlada’ la región, con la complicidad de los máximos dirigentes de nuestros países.
El cambio cultural se alza triunfante, en mi opinión, un poco después: en aquella famosa Cumbre de las Américas en que los presidentes de Latinoamérica rechazaron el ALCA, un proyecto de mercado común en todo el continente que sólo beneficiaba a los Estados Unidos
Y prometía nuevas miserias a los países latinoamericanos. Fue en el año 2005: en los videos, encontrarán un Bush visiblemente confundido por los discursos de Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Hugo Chavéz que enterraron el ALCA para siempre. Los presidentes latinoamericanos se habían unido para rechazar ese proyecto y ese día unieron a sus pueblos. Se demostró que juntos podían hacer frente a los intereses extranjeros y desarrollar sus economías.
“Nuestros pobres, nuestros excluidos, nuestros países, nuestras democracias, ya no soportan más que sigamos hablando en voz baja; es fundamental hablar con mucho respeto y en voz alta, para construir un sistema que nos vuelva a contener a todos en un marco de igualdad y nos vuelva a devolver la esperanza y la posibilidad de construir obviamente un mundo distinto y una región que esté a la altura de las circunstancias”.
Discurso de Néstor Kirchner, Cumbre de las Américas, 2005.
- Bandera que desfilo en 2005 en las marchas en contra del ALCA. Las caras de los presidentes Fidel Castro, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Lula Da Silva y Tabaré Vázquez, son presididas por la leyenda
Los latinoaméricanos aprendimos a ser solidarios entre nosotros, a respetarnos y a aceptar nuestros orígenes. En Bolivia, un presidente aymará como Evo Morales visibiliza a los pueblos originarios después de siglos de olvido. En Brasil, gobernó durante ocho años un ex obrero metalúrgico, Lula Da Silva, y en Argentina, dos militantes de la juventud de los 70’ que abolieron las leyes de amnistía para que se pueda juzgar a los dictadores que desaparecieron a 30 mil personas en esa década. Colombia y Venezuela ‘volvieron’ a ser parte del continente y se recordó la gesta conjunta de San Martín y de Bolívar, por Sur y Norte, para independizar nuestro continente. En Ecuador, el presidente Rafael Correa, fue apoyado por su pueblo cuando se intentó un golpe militar en su contra.
Este cambio cultural, este rencuentro entre hermanos latinoaméricanos, no se da solamente en la política, sino también en las calles de nuestros países. Hoy los extranjeros que en cualquier país llegan a trabajar o a estudiar son bienvenidos, las rivalidades son meramente deportivas, nos declaramos todos amigos de todos, y los mitos y rencores se olvidaron para dar lugar a un nuevo grito en cada rincón del continente: “¡Latinoamérica unida, jamás será vencida!”.
Alimac, desde Buenos Aires, Argentina, 15 de febrero de 2012.
Fuentes:
Sobre la Cumbre de las Américas
Crecimiento económico en Latinoamérica
Discurso completo de Néstor Kirchner en la Cumbre de las Américas, 2005.




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